La nebulosa NGC 7129, situada a unos 3.300 años luz, reúne estrellas en distintas etapas de formación. Una nueva imagen del telescopio espacial James Webb permite distinguir objetos que el polvo oculta a la luz visible: el observatorio capta radiación infrarroja, capaz de atravesar parte de esas nubes densas de gas y polvo.
En el centro destaca LkHα 234, una estrella anterior a la secuencia principal con entre cinco y ocho veces la masa del Sol. Aún se contrae bajo su propia gravedad y, con el tiempo, comenzará a fusionar hidrógeno como nuestra estrella. A su izquierda aparece una cavidad dorada de unos 3,5 años luz, abierta por flujos de material expulsados en una fase anterior.
La luz y los chorros de las estrellas energizan el gas y lo hacen brillar; además, al empujar contra el material molecular, pueden comprimirlo y favorecer condiciones para que nazcan nuevas estrellas. La región rojiza a la derecha, en cambio, contiene protoestrellas aún más jóvenes envueltas en materia. Sus salidas de material chocan con el entorno y producen estructuras de choque; varias se superponen en la perspectiva de la imagen.
Webb también resuelve un disco alrededor de una protoestrella en una zona azulada, cuya sombra se proyecta sobre la nebulosa. Estas formas proceden de observaciones infrarrojas; la explicación de su interacción se basa en la interpretación astronómica de las estructuras, no en una película de su evolución.
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Esta pieza se basa en información de ESA/Webb. La fecha de referencia de la fuente es 6 oct 2026. La fecha de nuestra edición no convierte el hecho original en una novedad de hoy.
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